La restricción y la interferencia

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Controlar la luz es la esencia de la iluminación y una de las formas más simples de ejercer ese control es decidiendo dónde vamos a iluminar y dónde no, o dónde vamos a iluminar más y dónde menos

Por GUILLERMO CANTÓN

Este artículo es un extracto de la nota publicada en la Revista Nº6 de Contrastes Argentina, en la sección Iluminación. 



Tan importante como dónde iluminamos es dónde no iluminamos. Para ponerlo en palabras de Alberto, mi amigo mecánico, es tan importante la velocidad que puede alcanzar un auto como su capacidad de frenado. O para hacer otra analogía menos prosaica, la seducción se basa, como la buena iluminación, en no mostrar todo, en sugerir, en insinuar. Esto permite que el que está mirando participe, se imagine lo que falta y por lo tanto lo aproxime a su propio deseo.
Tampoco hay que pasarse de vueltas y volverse tan oscurantista que dejemos al espectador sin nada de dónde agarrarse. La oscuridad total no seduce, más vale asusta al menos en mi caso, pero una luz tenue, o el famoso chiaroscuro desarrollado por los pintores italianos del 1500, despierta la imaginación.
Entonces, ahora que tenemos claro, valga la redundancia, que no hay porqué iluminar todo igual o a giorno, como en las películas porno, donde la seducción no tiene lugar, tenemos que imaginar cómo hacer para restringir o interferir en la iluminación y así generar más interés en la imagen.
Así como una conversación no se hace sólo de palabras sino de palabras y de silencios, una buena iluminación se hace de luces y de sombras. Podemos ver este recurso, este control de la luz desde dos puntos de vista. Primero con la simple distribución de la luz en la escena.
En la toma más sencilla del mundo, podemos rebotar nuestro flash en el techo y que la situación se ilumine de manera homogénea o podemos pensar dónde vamos a iluminar más y dónde menos. Dónde vamos a poner el acento desde la iluminación. En segundo término podemos hacer un uso más extremo del recurso y generar formas a partir de la diferencia luz-sombra.



En los estudios clásicos, en las fuentes clásicas de iluminación “grande” hay un sin número de recursos muy difundidos para lograr este propósito. Las aletas, snoots o conos, banderas, nidos de abeja, son todos elementos que interfieren o restringen el paso de la luz.
Como ya dijimos antes, lo bueno de trabajar con luz es que es muy maleable, con sólo poner un objeto opaco delante ya producimos un efecto. No hay mejor ejemplo de esto que las sombras chinescas, una manera esencial y poética de usar este recurso.
El término cookie, en origen cucoloris, tan presente hoy en el lenguaje de la web, en realidad proviene del cine profesional, de la iluminación. Una cookie no es una galleta dulce, es cualquier elemento que se pone entre la fuente y el fondo generando una sombra, una forma, que puede ser abstracta o reconocible, como el clásico puñal que vemos acechar detrás del personaje en la foto de apertura. De aquí se tomó el término para la web.
Estos elementos, las cookies, van separados de la fuente, en cambio los que van junto con la fuente se los denomina Gobos del inglés Goes Before Optics, aunque el principio y la finalidad es la misma, darle forma a la luz restringiendo o interfiriendo su paso.

¿Cómo podemos utilizar esto en un nivel más sencillo de equipamiento fotográfico?  

Para leer la nota completa conseguí el ejemplar de la revista en: http://contrastesmag.com/producto/revista-contrastes-no-6/
Publicado hace 4 meses | Categoría: Notas