La posición, o dónde está la luz

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Si somos prácticos, esta es la primera decisión que deberíamos tomar al pretender iluminar algo. La posición de la fuente tiene dos aspectos, el ángulo y la distancia al objeto. Aquí vamos a encarar el primero de ellos.


Por Guillermo Cantón


Este artículo es un extracto de la nota publicada en la Revista Nº3 de Contrastes Argentina, en la sección Iluminación.

¿De dónde sale el sol? O dónde se esconde, preguntas básicas para un aventurero del siglo XVII. Navegar guiado por las estrellas, una capacidad que hoy me maravilla más que un GPS.
¿Dónde está la luz? o ¿Dónde la pongo? Pregunta básica para un fotógrafo de cualquier época. Ya nos estamos dando cuenta que la posición de la luz, o de la fuente mejor dicho, está ligada al sentido de la orientación y al paso del tiempo. Y más todavía, a la inmemorable idea del bien y del mal.
Para la gran mayoría de las culturas, el Sol es el astro rey y una interminable cantidad de analogías con figuras divinas. El Sol es Dios, por lo tanto, la luz que viene de arriba es buena. Si viene de abajo es la luz mala, viene del mismísimo infierno, del latín inférnum o ínferus: ‘inferior, subterráneo’.
Salvo para la mitología Inuit de los esquimales en el ártico, donde nunca ven el sol arriba como nosotros al mediodía. Ellos ubican el origen de todas sus riquezas en el agua. Así que si tienen que filmar una de terror para esquimales, al monstruo ilumínenlo de arriba, bien cenital, y van a derretir iglúes de miedo.
Volvamos a la tierra. ¿Por qué el flash está “pegado a la cámara”? No siempre fue así, también es cierto que no siempre hubo flashes. ¿Cómo iluminaban nuestros colegas antes que los flashes existieran? Con magnesio, encendiendo magnesio en un recipiente apropiado, que explotaba como una bengala y se sincronizaba con la cámara a mano, o a ojo.
Por cierto que la iluminación era muy interesante pero un tanto peligrosa, más de un fotógrafo encendió la cola del vestido de una novia ardiente… Esta iluminación era interesante porque la fuente, el magnesio, estaba alejado de la cámara y del fotógrafo (por lo menos lo suficiente como para no chamuscarlos) y acá nos damos cuenta de algo: si la fuente está sobre el eje óptico del objetivo (el flash en la zapata) la iluminación es chata y bidimensional.
El flash está sujeto a la cámara sólo porque no hay otro lugar para ponerlo pero es el peor lugar que podemos elegir. Entonces en un acto iniciático, sacaremos el flash de la zapata de la cámara para nunca más volver a ponerlo con la misma actitud. A partir de ahora nosotros vamos a elegir dónde ponemos la luz, al menos mientras nos dejen.
Para poder avanzar vamos a separar el tema de la posición en dos, el ángulo y la distancia.

EL ANGULO

Pensemos en distintas fuentes y distintas situaciones de luz, más allá de la fotografía. ¿Dónde están las luces? ¿Desde dónde iluminamos? En nuestro living, en un espectáculo, en las vidrieras, en los parques, vamos a ver cómo, de manera intuitiva, nosotros nos manejamos con el criterio del ángulo de la fuente. Nadie ilumina su living con un reflector directo al sillón principal, como si fuese un interrogatorio. Una de las pocas situaciones que vivimos con una iluminación sobre el eje de nuestra mirada es cuando manejamos un auto, con la fuente de luz en línea con nuestra mirada igual que un flash en cámara.
Y sabemos de la pobreza de esa iluminación por la falta de volumen en los objetos iluminados. Vamos a la acción. Tenemos una fuente, el flash, y un sujeto a iluminar. Manteniendo la distancia entre ellos invariable podemos modificar el ángulo de la fuente de manera infinita recorriendo una esfera imaginaria que envuelve al sujeto. Lo iluminamos desde todos los ángulos posibles, sin variar la distancia fuente-sujeto, y aquí tenemos el recurso en marcha.  

Para leer la nota completa conseguí el ejemplar de la revista en: http://contrastesmag.com/producto/revista-contrastes-no-3/
Publicado hace 2 semanas | Categoría: Notas